martes, 9 de junio de 2009

EL FAMOSO COLESTEROL

Esta sustancia figura sin duda al tope del rating de los escritos profesionales en medios de difusión masiva, es temida por la gente que habla bastante de ella, aunque a la hora de los hechos, pocos cumplan las indicaciones para mantenerla dentro del rango óptimo.
Pero más que hablar de colesterol, debemos dejar aclarado que lo haremos no solo de él, sino de las distintas grasas que transitan nuestra sangre del cual el colesterol es la más popular.
Fundamentalmente agregaremos los triglicéridos, a esta consideración, por lo cual en adelante nos referiremos al colesterol total, a su fracción de alta densidad, HDL-colesterol, y a su fracción de baja densidad LDL-colesterol.
¿Pero porqué trataremos este tema?. Es fácil, las alteraciones del contenido graso de la sangre (llamadas dislipemias en la jerga médica), son un factor de riesgo conocido que promueve la enfermedad aterosclerótica y acorta la vida de las personas.

¿Qué es el colesterol y que son los triglicéridos?


Son substancias grasas presentes en nuestra sangre, que ingerimos y que nosotros mismos fabricamos (sintetizamos) Dichas substancias viajan en la sangre unidas a proteínas, de ahí, que Uds. con seguridad han oído hablar de lipoproteínas.
Dichas grasas, saldrán de su unión proteica para pasar a engrosar la pared de nuestras arterias, produciendo obstrucción de la luz arterial. Estas son las famosas placas ateroscleróticas, que saliendo hacia el interior de la arteria finalmente terminará por taparla. Este proceso pueden Uds. imaginarlo como el sarro que obstruye un caño de agua.
La fracción LDL-colesterol y los triglicéridos hacen esto. La fracción HDL-colesterol, es una molécula lipoproteica, con mucha proteína y poco colesterol, que por lo tanto, es muy ávida por captar colesterol. Por ende evita el depósito del colesterol en la pared arterial o bien lo extrae de ella, siendo de esta manera benéfica su acción.

¿En todas las personas pasa esto?


En cierta forma sí. Lo que sucede es que para desarrollar la enfermedad hace falta un cúmulo de causas que incluyen otros factores de riesgo, y la predisposición genética. Pero aquí la pregunta del millón: ¿Sabe Ud. que dicen sus genes?. Por cierto que no, y por eso debe Ud. mantener las cifras de grasas de su sangre dentro del rango considerado óptimo.



¿Cuál es ese rango óptimo?

Este es el punto más controvertido del tema, y vamos a empezar tratando las cifras de colesterol total. Durante muchos años se tomó como valor normal de colesterol total a una cifra de hasta 240 o 260 mg%. (Miligramos por 100 mililitros de plasma).
Pero estudios poblacionales posteriores han descendido drásticamente estas cifras, ya que se comprobó que con esos niveles se producía todavía mucha enfermedad coronaria, asumiendo como un valor deseable menos de 200 mg% de colesterol.
En realidad se ha trazado una curva de mortalidad ascendente (a mayor colesterol mayor mortalidad), pero con una pendiente de ascenso muy distinta.
Así para valores entre 150 mg% y 200 mg%, el ascenso de mortalidad es muy poco, obviamente el de 150 está mejor que el de 190, pero la diferencia es poca. Entre 200 mg% y 240 mg% a 250 mg%, la curva es más empinada, y así la diferencia de mortalidad entre quienes tienen 200 mg% y quienes tienen 240 mg% es mayor, y por arriba de 250 mg%, el crecimiento de la tasa de mortalidad, por cada aumento de colesterol es aún mayor.
De ahí que hoy en día se hable de nivel óptimo por debajo de 200 mg%, de un colesterol moderadamente elevado cuando se sitúa entre 200 mg% y 240 mg% y un colesterol total francamente elevado cuando está por arriba de 240 mg%.
Para la fracción de colesterol-LDL se distinguen diversos objetivos en la prevención de enfermedad según estén o no presentes otros factores de riesgo o si ya ha tenido el paciente un infarto de miocardio. Así si una persona no tiene ningún otro factor de riesgo (no fuma, no es obeso ni sedentario, ni diabético, no tiene alta la presión arterial, ni tiene antecedentes hereditarios de infarto de miocardio) se tolera hasta una cifra de 160 mg% para el colesterol-LDL. Pero si tiene asociado algún otro factor de riesgo, la cifra máxima a tolerar desciende a 130 mg% de colesterol-LDL. Y si el paciente ya tuvo un infarto de miocardio o un infarto cerebral, etc., se busca hacer retroceder las lesiones ateroscleróticas existentes exigiendo una tasa de colesterol-LDL inferior a 100 mg%.
El colesterol de alta densidad (HDL-colesterol) cuanto más mejor, debe ser mayor de 45 mg%.
Los triglicéridos, deben estar por debajo de 200 mg% para aquellas personas sin enfermedad manifiesta y por debajo de 150 mg% para aquellos con antecedentes de infarto.



¿A que edad comenzar a tratar el tema?

Cuanto antes mejor. Siendo esto una situación de riesgo, cuanto menos tiempo estemos expuestos mejor. Debo acá dejar perfectamente aclarado que el manejo de las dislipemias es una situación para hacer toda la vida, y no es nunca una enfermedad aguda que se pueda padecer un determinado momento y curar. “El año pasado estaba mal y le había subido el colesterol”. Frases como esta se escuchan en el consultorio habitualmente y configuran una falacia. Quien padece una dislipemia, deberá de por vida realizar algún tratamiento, dietético, ejercicios físicos y a veces ser ayudado por fármacos.



¿Cómo se trata?

La consulta médica es imprescindible, ya que la dieta variará según el tipo químico de grasas en exceso (colesterol, triglicéridos o ambas) que usted tenga, y, además a veces requerirá la prescripción de algún medicamento específico.
Pero hay lineamientos generales que si pueden mencionarse.
La primera de ellas es mantener un nivel de actividad física adecuado, ya que la misma consume grasas, disminuyendo la concentración de estas en sangre. También hace elevar la proporción de HDL-colesterol o colesterol bueno.
En la misma línea debe evitarse un consumo excesivo de alcohol, evitar el sobrepeso y el tabaquismo que aumenta las tasas de lípidos (grasas) en la sangre.
Evitar en lo posible el consumo de grasas, en especial aquellas de fuente animal (carnes vacunas, piel del pollo, yema de huevo, crema de leche, quesos, leche y yogurt enteros, dulce de leche, mayonesas, etc.) y limitar el consumo de azúcares refinados. Aquellas grasas que siendo de origen vegetal sufren transformaciones químicas también deben ser evitadas como ser aceites al hervir (frituras), aceites mezclas, margarinas y vegetalinas.
Se debe privilegiar en la dieta el consumo de cereales integrales, sin aditamentos de azúcar o miel, harinas integrales (salvado), y agregar o incluir pescado como fuente de proteínas dos o tres veces por semana.



¿Quiénes deben tratarlo?

En realidad en la medida de lo posible todos deberíamos cumplir esos lineamientos dietéticos generales enunciados. Pero para ser más específico, solo la consulta con su médico, podrá determinar su necesidad de tratamiento y la profundidad del mismo.
Porque solo su médico teniendo en cuenta toda su historia clínica, conociendo sus antecedentes hereditarios, valorando su medio socio-cultural y sus posibilidades económicas, podrá aconsejarlo adecuadamente sobre su necesidad de tratamiento y forma de encararlo.



¿Y los remedios?

Obviamente deben ser prescriptos solo por el médico, pero sepa Ud. que claramente son la segunda línea de tratamiento, siempre por detrás de la dieta, el descenso de peso, la proscripción del alcohol y tabaco y la actividad física.
Debe Ud. saber que de parte de la industria farmacéutica hay una importante presión publicitaria para dar paso rápidamente al tratamiento farmacológico, cuando si son adecuadamente cumplidas las pautas de tratamientos generales pocos casos requerirán de los costosos medicamentos, no siempre exentos de efectos adversos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario